Lo que quiere una mujer madura en una relación

Por eso, una mujer madura, entiende que lo que él le ofrezca, debe de tomarlo sin reproches. Las pruebas de amor no significan nada, lo importante es como te trate. 9. Elige al hombre que la sepa hacer feliz. Una mujer madura conoce lo que quiere y sabe que no necesita de ningún hombre para ser feliz. Una de las cosas que las mujeres más deseamos de nuestra pareja es que nos escuche y pueda ofrecernos un comentario acertado sobre alguna situación. Tener una buena comunicación implica compartir nuestros aspectos más íntimos, lo que nos llevará a crear un gran lazo de unión y confianza. 9. Queremos a un hombre que sabe lo que quiere Jamás esperará que él la mantenga. Ella nunca va a depender del dinero de su pareja y lo dejará en claro desde el inicio. Para ella es importante mantener su independencia económica y eso quiere decir que no va permitir que en sus ingresos mensuales se vea involucrado su pareja. No pedirá que dejes su trabajo o actividades para estar con ella. Una mujer madura no va pedirte que dejes de ... Con el pasar de los años nos vamos dando cuenta de que a veces los conceptos y las prioridades cambian. La madurez llega con el pasar del tiempo y las experiencias adquiridas en la vida. Una mujer madura es una mujer que ha vivido lo suficiente como para saber qué quiere y tener seguridad en sí misma. Sabes si eres una mujer madura si: 1. Que una mujer sea madura no significa que sea fría, al contrario, le encanta amar y ser amada. Ella quiere una relación estable porque sabe que se lo merece. Actitudes que un mujer madura y segura de si misma NO tiene. Te recomendamos: si te engaña una vez…¿lo hará de nuevo? (Expertos responden) La práctica más antigua (y efectiva) sobre el clímax femenino en África. La base de una relación es la confianza, en México y en todos los países del mundo es igual. Son guapas y comprensivas. Las chicas guay además no se enfadan y dejan a sus hombres hacer lo que les dé la gana. «Quiero estar soltera pero contigo» es una carta de una mujer muy inmadura en el plano emocional que no tiene ni idea de lo que quiere. Ahí va mi versión: Quiero una relación madura, No te va reclamar porque no publicaste la relación en Facebook, porque no la etiquetaste en Instagram o porque no subiste una foto de ambos. No le interesa que la gente sepa de su vida privada y por eso mismo las redes sociales es de lo último que se preocupa. No te obligará a hacer lo que ella quiere. Espere; Ellos quieren mucho más.En el siguiente articulo te ofrecemos todos los detalles de lo que las mujeres quieren en una relación, y lo que las esposas esperan de sus maridos. Algo que es realmente cierto es que los hombres siempre quieren ser el primer amor de una mujer, y las mujeres les gusta ser el último romance de un hombre.

Mi hermano con derecho le pide a mi cuñada que cocine como a él le gusta o que no cocine.

2020.08.03 07:04 Ax-l1004 Mi hermano con derecho le pide a mi cuñada que cocine como a él le gusta o que no cocine.

Primero que nada. lamento que sea tan largo, pero debo desahogarme, esto pasó hace ya varios días. Intentaré resumir esto tanto como pueda, pero aún así creo que será largo. Vivo en casa de mis padres con mis dos hermanos, uno de ellos (el de en medio) tiene una bebé y esposa, quienes viven en la parte de arriba, desde que mi cuñada se mudó con nosotros, ha estado más a cargo de la casa de lo que nosotros lo hemos estado, lo cual se agradece pero no me parece justo, sin embargo no la dejó encargarse de todo y ella hace lo que puede con gusto, incluso cocinar para todos. Es aquí donde empieza esto.
ND: Niño con derecho (mi hermano menor) H: Mi hermano mediano C: Mi cuñada M: Mamá (la mía, o sea la de ellos, la de ella no, la de él sí)
Todo pasa en la mañana, cada quien está buscando qué desayunar, C hace la comida casi siempre, por lo que he decido que aunque cocina para mí también, empezaré a hacerme mi desayuno yo mismo. No encuentro nada, me topo con la cacerola donde hizo sopa ayer... Está a la mitad, así que enciendo la estufa. Noto que la sopa está menos aguada que el día anterior, pero no le tomo importancia, sabe bien. Una vez que he terminado baja ND, H y C están en la cocina preparando su desayuno. ND pregunta si hay más pollo, a lo que ambos contestan que no, solo tienen lo de ellos que sobró de lo que compraron para mí papá quien ya se había ido a trabajar. No parece muy contento y en un intento de ser amable con ND (con quién trata de tener una relación neutral) le pregunta si quiere que vayan por más, él declina, dice que se preparará unas quesadillas y se servirá sopa, toma un tazón para servirse, mientras lo hace le dice a C.
ND: Tú sopa está muy rica, pero está seca. C: (Se voltea y usa un tono de disgusto pero amable) Bueno, puedes ponerle agua si quieres. ND: ¡Ohhhh bueno! (Sonríe para suavizar las cosas) solo decía. C: Es que siempre das un cumplido y luego te quejas.
ND termina de servirse y va a sentarse, avanzamos un rato después. Mi madre llama pues acaba de dar un golpe a la camioneta (siempre pasa que cuando tiene mucho en la cabeza suele tener este tipo de incidentes) pues estaba pensando en todo lo que nos dirá ya que está cansada del tema con ND Quién se quejó de C, Pues le contestó de una forma muy grosera (cosa que no es cierta).
Llega M preguntando por ND, le digo que está arriba, salgo para ver el golpe a la camioneta y se ve un tanto más grave que otras veces, entonces C me dice que M me está llamando, subo a su habitación donde ND se está quejando con ella, H está ahí escuchando nada más.
ND: ... Y si está aquí lo mínimo que puede hacer es la comida.
Yo abro mucho los ojos, miro a H, pero este hace caso omiso de este comentario.
M intenta convencer a ND de que C no tiene ninguna obligación en la casa más allá de atender a H y a mí sobrina de 9 meses. H se va molestando más y más conforme escucha los reclamos y recreaciones exageradas de ND. Cuando H Al fin se cansa de escuchar a este idiota hablar mal de su esposa, se acerca a menos de un palmo de ND, ambos se cuadran, yo me acerco lento pero con autoridad hacía a H y ND para separarlos, no quiero una pelea, sin embargo pocos minutos después esta se da, los separamos sin que se den un golpe realmente solo se estaban sosteniendo del cuello con el brazo mutuamente. Entra C... A este punto quizá pueden decir que H debió defender desde el principio a C, pero ella le ha dejado claro que es perfectamente capaz de defenderse, que no quiere que él se meta, pero M no quiere que ella esté con nosotros para no malentender la situación. M toma a la bebé de los brazos de C Pues los gritos la estaban alterando. Yo trato de funcionar como moderador pues está familia está muy acostumbrada a que quien grite más fuerte es quien gana, lo que me parece absurdo, así que les digo a todos sin distinción que no alcen la voz. Funciona a medias pues ND no es de escuchar, solo vociferar las tonterías que le pasan por la cabeza. Es entonces cuando después de que ND discuta con H y C, H decide que no vale la pena perder el tiempo con alguien que no entiende. Uno creería que todo termina aquí, pero la discusión se traslada a la sala. Yo bajo poco después. No recuerdo mucho aquí pero más o menos todo pasa así...
ND: Pues yo estoy acostumbrado a que mi abuela y M cocinen de cierta manera. C: Pero yo no soy tu mamá y cocino como puedo. M: Y Eso se te agradece C, me siento apenada por eso, porque tendría que ser mi obligación, pero te agradezco el apoyo que das. ND: ¡Pues ya! Que no me cocine nada, ¡pero tú! (señalando a M) vas a llegar a cocinarme... M: Yo no voy a llegar a cocinarte no tengo tiempo (lo cual es verdad, antes de C, si M no estaba yo cocinaba lo que podía a veces). ND: ...y si no pues ya me cocino yo! Yo: Y no hay problema con ello, pero no tenías que armar todo este escándalo. ND: ¡SÍ TENÍA QUÉ Y YO SOY GROSERO CON QUIEN YO QUIERA PORQUE VIVO AQUÍ! M: No, no Puedes. Yo: Y ellos también viven aquí. ND: ¡AH! ¿¡QUIERES VER QUE SÍ!? NO ME IMPORTA SERLO NI SIQUIERA FRENTE A MI PAPÁ. Y SI VAN A ESTAR AQUÍ VAN A HACER COSAS. YO: Eso no lo decides tú M: Eso no lo decides tú. ND: ¡YA ESTOY HARTO! SIEMPRE SE ESTÁ GASTANDO DINERO EN ESE NIÑO ¡DINERO QUE SE PODRÍA GASTAR EN MI! ¡EN ROPA PARA MI! PERO NO, SE VA EN ESTE IDIOTA Y SUS PEDEJADAS.
No me atreví a ver a C, yo estaba indignado pues por la bebé y el problema de oído de H, habían estado yendo mucho a consultas médicas y comprando medicamento no muy barato. Esto no me molesta, yo tengo trabajo, por lo que costeo mis gastos por mi mismo, por el contrario intento comprar cosas para ellos en forma de apoyo pues por ciertas cuestiones crecí teniendo una relación más cercana con H, esto me hace ver a C como una Hermana y me siento con la necesidad de ayudarlos. Cabe aclarar que H y C tienen 21 años, mientras que ND tiene 18, por lo cual ambos tienen edad suficiente para trabajar, pero M está muy asustada por la situación actual y no quiere arriesgar a que H salga y traiga el virus, contagiando a la bebé, sin embargo él trabajaba a inicios de esta pandemia, mientras que ND, jamás ha pensado tener la necesidad de trabajar, yo trabajo en casa así que no es un problema.
H no había estado en esta discusión se había limitado a usar su coraje para reparar algunas cosas fuera, aunque sí escuchó esto último.
H: Ay ya, déjalo, que se vaya... "Ay sí me voy, me voy para que me rueguen". (Dice enojado con tono de burla).
Refiriéndose a qué hace unas semanas tuvo una discusión fuerte con mis padres porque todos estaban contra de él en especial yo (no soy un santo, he discutido mucho con él precisamente por sus actitudes pero mi forma de lidiar con ello no ha sido muy correcta y a veces tampoco madura).
ND: AH PUES AHORA NO ME VOY, ME QUEDO NADA MÁS PARA JODERTE ¡Y EL UNICO QUE DEBE IRSE ERES TÚ PORQUE YA NO PERTENECES A AQUÍ!
Estoy muy molesto en muchas ocasiones he querido golpearlo pero pongo mi cara de póker e intento mantener el tono sereno hasta ahora. Todos estamos cansados, M decide llevarse a ND al trabajo de mi papá, pues es un negocio propio en casa de mi abue. H también está molesto conmigo, M está disgustada, parece odiar a ND pero no le pide que se largue por lo mismo de la pandemia, teme que se enferme y muera por su culpa, pero también está muy avergonzada con C, le pide disculpas y agradece su esfuerzo en muchas ocasiones además de hacerle saber que no son un carga para ella. C ya no tolera a ND, H seguramente ya llegó al límite igual que yo, ND, siente que es atacado por todo el mundo (en serio por toda persona que conoce). Y a mí no me interesa lo que ND haga mientras no se vuelva a meter con H, C o con M. No sé cómo sigan las cosas pero les aseguro que no será el último roce con ND. Mientras tanto nosotros seguramente haremos burlas sobre sus desplantes, no queda más que hacer.
Extra: Mi padre tiene una mentalidad un tanto machista, cosa que ND heredó por completo y H a veces tiene actitudes así pero ama y respeta tanto a su esposa que muchas veces sus comentarios son broma, yo por otra parte considero que el hecho de ser mujer no quiere decir que estés en la casa que estés te vuelvas algo así como una criada y no hay razón alguna por la que una mujer tenga "obligaciones" más allá de sus hijos pequeños y una que otra "atención" con su esposo.
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2019.09.28 21:32 Enchilada_McMustang "El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día" por Oscar Larroca

El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día
Óscar Larroca
(Nota publicada en número 52 de "La Pupila")
Historia
"No existe la censura moral, solo la ideológica" Federico Fellini
La censura significa, ni más ni menos, la imposición de límites a la libertad de expresión. Antes bien, esa expresión puede estar habitada por la nobleza o ser denigrante y apologética de delitos. De todos modos, la censura a cualquiera de esas posibilidades expresivas será impuesta por sujetos con poder que han asumido la voluntad de silenciar todas las ideas contrarias a sus intereses, normas o convicciones religiosas. Esas ideas, controversiales y pasibles de ser censuradas se transmiten a través de la oralidad, la escritura o la imagen, siendo las artes (literatura y pintura, principalmente) los blancos preferidos por tiranos de diverso linaje. En efecto, al pincel, la pluma y la voz, se agregó un elemento tutelar: la tijera.
Podemos determinar los distintos tipos de censura en función de quienes la invocan: estatal y directa (como la llevada adelante por genocidas de la talla de Hitler y Stalin), estatal e indirecta (mediante recursos de amparo, decretos y leyes consensuadas en defensa de la minoridad y de una «moral media» pública), religiosa y directa (como la ejercida por la Santa Inquisición), y civil y directa (protagonizada por organizaciones civiles profascistas, organizaciones «familiares» provida, o colectivos de adscripción).
La censura moral estuvo ligada a las religiones monoteístas, las cuales han participado activamente durante siglos en la fiscalización de todo material producido por escritores, artistas visuales y dramaturgos. Así, se hizo tristemente famosa la «hoguera de las vanidades» organizada por Savonarola: un acto pedagógico y purificador hacia el pueblo florentino. Algo análogo a lo que en el transcurso de las centurias otros opresores han hecho usando también hogueras, potros de tormento, campos de exterminio, «justicias infinitas» y «guerras santas».
El argumento más utilizado a la hora de justificar la censura es la ofensa. En la Inglaterra del siglo XIX se pusieron de moda algunos eufemismos y circunloquios bajo ese fundamento. Llegó a ser impensable utilizar en sociedad la palabra leg (pierna), breast o su plural breasts (senos). Para que nadie pensara en las piernas, las de los pianos (piano legs) se disfrazaban con telas, y las patas de las mesas estaban cubiertas con largos manteles. Según el investigador G. Rattray Taylor, era incluso inaceptable preguntarle a una mujer en una cena: «May I serve you a leg of chicken?» («¿Le puedo servir una pierna de pollo?»). Tampoco se podía decir trousers (pantalones), mejor pues: femoral habiliments (prendas femorales).
En los países de habla hispana los rodeos léxicos se emplearon frecuentemente hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Los genitales, por obra y gracia del pecado original, se convirtieron en «partes pudendas», «las vergüenzas», «las partes menos honestas» y «las partes». Con la aparición de la censura como institución jurídica, los jueces debieron ser más precisos en la tipificación de las obras que incurrían en esa nueva figura delictiva. En principio, esta obligación legal y política por definir aspectos asociados a la ofensa o la discriminación fue asumida por el trabajo concreto (ad hoc) de los juristas que tienen por cometido trazar los límites de lo que es socialmente aceptable. Hasta el segundo tercio del siglo XX su trabajo consistía, en algunos casos, en determinar si el vello púbico podía ser mostrado en una escena cinematográfica, o cuándo exactamente un pene debía ser declarado en erección.
La Iglesia y el Estado han recorrido un imbricado y azaroso camino desde las persecuciones en tiempos del Imperio romano, pasando por el césaropapismo bizantino, las teocracias y el galicanismo, hasta los modernos Estados-nación, en los que el gobierno asume la totalidad del poder temporal en beneficio de la moral pública y la cohesión nacional por sobre la pluralidad de intereses y credos.
Volviendo al tema de la censura moral, en 1930, la Asociación de Productores Cinematográficos de Estados Unidos (MPPA) aprobó un código pudoroso, más conocido como Código Hays por el nombre de uno de sus mentores intelectuales, Will H. Hays, y conocido también como «La censura cinematográfica de Hollywood». Su marco regulatorio fiscalizaba las siguientes temáticas: crímenes, blasfemias, alcohol, danza, y, por cierto, el vestuario, la sexualidad y el desnudo. Hasta 1956 el código permaneció inalterado, pero entre ese año y 1963 tuvo sus modificaciones, inevitables, hasta su desaparición definitiva.
Medio siglo más tarde, la censura regresa de la mano de grupos que fomentan la corrección política y la defensa a todo aquel espectador que exprese haber padecido algún tipo de ofensa. Curiosamente, esos grupos pertenecen a movimientos políticos organizados vinculados a la izquierda, a la inversa de lo que sucedió históricamente donde los perseguidores estaban vinculados a corporaciones derechistas. Esta voluntariosa disposición de purificar de la plaza pública a los ofensores en nombre de «la verdad», se parece demasiado a la ideología totalitaria, hoy ejecutada por quienes ayer estaban comprometidos con la emancipación del sujeto. Obsérvese que estos colectivos progresistas son muy abiertos ante aquellas obras artísticas que evoquen el sadomasoquismo, la ingesta de drogas, la promiscuidad o la genitalidad (lo cual, en principio, habla acertadamente de quien no antepone «lo moral» por encima de la estética). A decir verdad, no manifiestan demasiados reparos ante la representación de la crudeza, la performance violenta o la pornografía. Solo disparan sobre la producción simbólica, por ejemplo, cuando el relato ofende a una raza (por ausencia, por contexto o por humor) o cuando ofende a la mujer (si el personaje es demasiado femenino, estereotipado o sumiso). También colocarán la mira sobre el autor de acuerdo a las acciones que llevó adelante en su vida privada.
“Dibujitos animados racistas y machistas”
Algunos colectivos afines a las minorías étnicas pidieron a Netflix que retire de su grilla la serie Friends, por considerarla racista y misógina. Al mismo tiempo aterrizaron en Hollywood para exigir a la industria del cine que incluya, para la elaboración de sus personajes de ficción, la diversidad racial, antropomórfica y sexual. Hay series para adolescentes como Popular (cuyo autor es Ryan Murphy, el libretista de Glee) en la que sus personajes son negros, coreanos, indios, latinos y descendientes de las tribus nativas de Norteamérica. También hay una cuota para adolescentes petisos (Zoey 101, de Nickelodeon) y otra para individuos transexuales. La señal FOX Premium anunció el comienzo de Pose, la primera serie subtitulada al español con lenguaje inclusivo («nosotres», «estimades amigues», etcétera). En Netflix sobreabundan los documentales apologéticos sobre drogas y las series con personajes homosexuales, pero al mismo tiempo la empresa cuenta con un «coordinador de intimidad» (un eufemismo para esquivar la palabra «censor»).
Con respecto a la «visibilización de la diversidad», esta no pasa por llevar a la ficción un personaje de cada etnia, género, cultura o talla corporal. La literalidad es patrimonio de la realidad (o de una parte de ella) pero no es un atributo de la ficción. Precisamente, esa cercanía con lo real ha provocado que algunos espectadores confundan simulacro con realismo, ficción con literalidad y humor con blasfemia. A tal punto que varios jóvenes estadounidenses exigieron a las autoridades de FOX y a los guionistas de la serie animada Los Simpsons que suprimieran de la serie al personaje Apu por considerarlo un estereotipo ofensivo hacia la raza india. Es decir, por un lado, existe un reclamo para que se habilite una cuota étnica y racial, pero por otro lado, si los guionistas incurren en alguna «broma cruel» (el italiano mafioso, el policía corrupto, el clérigo pedófilo, el indio lleno de hijos, la mucama mexicana) se evoca la etiqueta de la ofensa y se exige su retiro. En el año 2019, la empresa Disney decidió eliminar de Toy Story 2 una escena donde asoma un aparente hecho de acoso sexual. La escena transcurre dentro de la caja donde se encuentra Oloroso Pete y dos muñecas Barbie. Esto es lo que dice el muñeco: «Ustedes dos son de verdad idénticas. Puedo conseguirles un papel en Toy Story 3». Tras esta frase, el personaje mira a la cámara y advierte que lo están grabando: «Perdón. ¿Es la toma? Bueno, chicas. Fue un verdadero gusto. Y cuando quieran que les dé consejos de actuación será un placer ayudarlas». La escena hace referencia a lo que en Estados Unidos se conoce como casting coach, o «casting sábana» en el Río de la Plata, acoso denunciado por muchas actrices.
“Libros machistas para niños”
Una escuela pública de la localidad española de Sarriá (Barcelona) ha retirado de su biblioteca 200 títulos porque no son del agrado de los defensores de esta nueva agenda de derechos. «Cuentos emblemáticos como La leyenda de San Jordi, Caperucita roja o La bella durmiente son ejemplares de historias tóxicas en perspectiva de género». La censura se ha llevado a cabo después de un «análisis exhaustivo de su contenido» […] «Se ha concluido que la mayoría de los personajes femeninos son secundarios y se les atribuyen tareas de cuidados o maternidad o tienen roles relacionados con el amor» (sic). De hecho, solo el 11 % de los libros han sido considerados «positivos en perspectiva de género». Vale entender que estos personajes «positivos» carecen de relieve y conflictos: no tienen, por ejemplo, atributos vinculados al cuidado doméstico (de hermanos o ancianos), ni están vinculados a la maternidad («un estereotipo impuesto por el patriarcado y la heteronorma», dicen). La institución alega que «los cuentos que son sexistas pueden contribuir, a la larga, a actitudes machistas o, incluso, de violencia de género». Es decir, si un niño lee el «sexista» La bella durmiente, puede provocar que acabe siendo un maltratador de mujeres.
La crítica literaria española Ana Garralón se pregunta qué harán con los títulos censurados: ¿Acaso quemarlos, como hacían los nazis y los comunistas con los libros que consideraban incorrectos? La Constitución española ampara en su Artículo 20 el derecho a la creación literaria y prohíbe expresamente la censura previa, por lo que los censores se apresuraron a precisar que Caperucita roja finalmente no sería retirado, «si bien no había pasado el test» (sic).
Para Garralón, censurar libros destinados a los niños es una práctica tan arcaica como la historia del libro y de la pedagogía. A fines de la década de 1990 varios lectores se quejaron de que en el bestseller ¿Dónde está Wally? «aparecía una mujer en topless». Un poco de escándalo fue suficiente para «vestirla» en su siguiente tiraje de imprenta. Todo este control y amenazas veladas repercuten en los hacedores de libros: escritores, editores e ilustradores. La ambigüedad, necesaria en la literatura, empieza a evaporarse. El humor, que se basa en la parodia y en ridiculizar, es uno de los grandes ausentes. Y nadie quiere que le acusen de ofender a los demás.
En la década de 1980 se comenzó a utilizar en una universidad estadounidense el término «políticamente correcto» para evitar las ofensas, acaso como un reflote involuntario de los eufemismos creados por los ingleses a mediados del siglo XIX. En lugar de decir «negro» se debe decir «persona de color» o «afroamericano», entre otras recomendaciones de un muy extenso listado que busca suavizar los calificativos considerados como humillantes. En 1990, el comediante estadounidense James Finn Garner publicó un libro donde aplicaba esta norma. El volumen se tituló Cuentos infantiles políticamente correctos. El de Caperucita roja comienza así: «Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja, que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad.»
Garralón observa que la literatura en general y los libros para niños en particular se empiezan a leer bajo una mirada hipersensible. Blancanieves es considerada inmoral por convivir con siete enanitos y, desde luego, se persigue a las princesas por perpetuar «modelos patriarcales» (excepto las que se «deconstruyen»: no se depilan las axilas y eructan). Como se sabe, paralelamente a la censura ejercida por «otro más poderoso» debemos considerar la autocensura: reflejo voluntario o involuntario en el autor como consecuencia de estos sojuzgamientos sociales. Por lo tanto ¿cómo escribir sin temor ante esa vigilancia en un mundo que está leyendo todo de manera literal?
En Alemania, un clásico como La pequeña bruja, de Otfried Preussler, está siendo revisionado para que se suprima del texto a dos personajes: un niño disfrazado de esquimal y otro de niño negro. La editorial negocia duramente con los herederos, quienes se defienden diciendo que el autor no era racista. Pero eso no será relevante: la policía del pensamiento tendrá la última palabra.
No importa la procedencia del escritor ni lo que hayas escrito, dice Garralón. Si el autor osó escribir la palabra «negro» para referirse a un personaje de piel negra, toda su obra será cuestionada. Los valores estéticos no son tomados en cuenta. Cada grupo, además, tiene una legión de «escritores» que inspeccionarán los cuentos (los libres de derechos de autor) para readaptarlos según sus consignas. El caso más reciente es una versión de El Principito, titulado La Principesa. Las autoras indican que, además de ser una traducción de género, «se reescribe con una mujer protagonista que viaja a planetas donde los oficios son desempeñados indistintamente por hombres y mujeres, donde los animales reciben un trato más amable que en la obra original y la rosa se ha transformado en un clavel» (sic). No es posible imaginar qué cosa podría haber respondido Antoine de Saint-Exupéry ante la frase «…los animales reciben un trato más amable que en la obra original…».
“Arte machista para adultos”
Hasta aquí, un ligero resumen de lo que acontece en el mundo editorial. ¿Pero qué sucede con aquellos artistas que nos han legado una obra artística extraordinaria pero sus vidas privadas son objeto de condena? En los últimos dos años, Gustave Courbet, Auguste Rodin, Pablo Picasso, Charles Dickens, Albert Einstein, James Joyce, Steve McQueen, Robert Crumb, Mick Jagger, Morgan Freeman, John Belushi, Quentin Tarantino, Jorge Lanata, Alfredo Casero, Ricardo Darín y Osvaldo Laport han sido algunos de los muchos creadores, políticos, actores, periodistas y hombres de ciencia señalados como misóginos.
En el Reino Unido, la Manchester Art Gallery retiró una pintura del prerrafaelista William Waterhouse, Hilas y las ninfas (1896), para «abrir un diálogo en torno al papel de la mujer en el arte». En España, doce mil personas firmaron un manifiesto para que se retirara de una muestra transitoria la pintura Térèse soñando (1938), de Balthus: una jovencita que deja ver, de manera provocativa, su ropa interior.
La lista no se detiene allí. Woody Allen ha sido descalificado como depravado y señalado como un sujeto execrable que mantuvo una relación incestuosa con su hija adoptada, mientras Kevin Spacey fue denunciado como acosador. El documental Leaving Neverland (Dan Reed, 2019) aborda en sus casi cuatro horas de duración los abusos sexuales perpetrados por Michael Jackson. Si bien todas estas conductas deben ser evaluadas y condenadas en los estamentos legales correspondientes, los activistas intentan desplazar el repudio hacia las creaciones artísticas de los acusados. Así, los detractores han presionado a las instituciones culturales, sellos cinematográficos y cadenas de distribución para que las obras de los nombrados fueran quitadas de las galerías (Pablo Picasso), se les rescindiera sus contratos cinematográficos (Woody Allen, Kevin Spacey) o se los purgara de alguna serie de dibujos animados (Michael Jackson). Resta saber quiénes son los mentores principales que —acechando bajo el argumento del oprobio y las prendas de la diversidad— contribuyen con cuantiosos recursos económicos para que toda esta cacería planetaria sea simultánea, sistemática y organizada.
“Racismo”
En mayo del año 2019, la escuela secundaria George Washington de la ciudad de San Francisco decidió invertir 600.000 dólares para destruir una serie de trece murales que cubren 150 metros cuadrados y narran la historia del primer presidente estadounidense, George Washington. El autor de las obras, Victor Arnautoff, fue un artista soviético que había emigrado a Estados Unidos y que en la década de 1930 pintó murales en edificios públicos para la Administración de Trabajo del gobierno, un proyecto de Franklin Roosevelt para darle empleo a artistas desempleados por la Gran Depresión. En los murales de Arnautoff, Washington les da órdenes a sus esclavos, los exploradores matan indios y el prócer aparece rodeado de sirvientes.
La escuela eliminó esas pinturas, no porque defiendan la idea de un prócer impoluto, sino porque «la presentación de minorías solo como víctimas es una agresión a nuestro alumnado. Queremos brindarles a nuestros alumnos un ambiente seguro» (sic).
En Uruguay, en el año 2018, se suscitó una polémica a propósito de un cartel en el que se muestra a una mujer negra amamantado a un bebé blanco. El afiche respondía a la convocatoria anual que hacen los organizadores de la fiesta de la Patria Gaucha, en Tacuarembó. El MIDES, a través de la ministra Marina Arismendi, lo consideró «racista y retrógrado» («Nos atrasa un siglo y medio», dijo la ministra). Del mismo modo que alguien podría haberse visto afectado por alguna razón genuina (tatarabuelos negros y esclavos), también se podría ver un homenaje a la relación desinteresada entre una nodriza y un niño que necesitaba alimento. Se podrá refutar que quienes así opinan tienen una mirada ingenua y pastoril a propósito del sufrimiento que padecieron los esclavos. Sin embargo, podría haber tanto racismo en quien pide que se retire la figura de la mujer negra, como en quien utilizó la estampa de la misma mujer para promover un evento folclórico.
La Diputada por el Partido Nacional, Gloria Rodríguez Santo (una legisladora de piel negra), escribió lo siguiente: «Es en esa imagen del “ama de leche”, quizás por nuestro orgullo de ser afrodescendientes, que vemos un mensaje mucho más profundo y positivo que a la época o a las prácticas nefastas a las que pueda retrotraer.»
En Londres, la guionista británica Karla Marie Sweet se quejó de que no entendía la ausencia de actores negros en la exitosa serie de HBO Chernóbil, basada en la tragedia ocurrida en 1986 en la central nuclear de la Ucrania soviética. Sweet explicó en Twitter que se sentía «decepcionada» al ver «un programa exitoso con un elenco masivo» que invisibiliza a «las personas de color» (sic). En respuesta, uno de los comentaristas le respondió: «No había personas “de color” porque en esa zona de la ex Unión Soviética el tipo racial predominante es el blanco-rubio». Luego de ese intercambio, la guionista restringió el acceso a su cuenta. Pero, como señalé más arriba, la censura está dirigida no solo a la obra, sino también a sus autores. Si esos creadores, además, tienen un oscuro pasado en sus vidas privadas, tanto mejor. En este momento de revisionismo, un grupo de historiadores descubrió —hurgando en documentos y testimonios de su biografía— que Mahatma Gandhi llegó a abrazar el racismo durante su juventud. El objetivo es desacreditar sus acciones y echar por tierra su consagración como sujeto pacifista y líder de masas.
“Ciencia racista y misógina”
Según relata el crítico Jorge Barreiro, un grupo de estudiantes de la Universidad de las Artes de Filadelfia pidió que no se dejara hablar, y que se despidiera, a la profesora —y feminista— Camille Paglia, una de sus académicas más prestigiosas, por sus críticas al feminismo hegemónico, a la teoría posmoderna del constructivismo sociocultural —personificado, según ella, en Foucault y Derrida— y a su oposición a la discriminación positiva en favor de las mujeres por considerarla una forma de minusvalorarlas. El rector se negó, finalmente, a las pretensiones censoras de los estudiantes. En algunas universidades australianas las carreras de los astrónomos y astrofísicos no dependen solo de sus méritos académicos, sino también de sus identidades personales —varón, blanco y heterosexual corren últimamente con desventaja— y de sus antecedentes en asuntos de «diversidad». Para aspirar a cargos y recursos —en astronomía— se exige al interesado que escriba una «declaración sobre diversidad» (sic).
A la psicóloga y socióloga estadounidense Linda Gottfredson le cancelaron una conferencia en la Universidad de Gotemburgo por sostener cosas tan «inauditas» como que hay evidencia de que algunas pautas conductuales no obedecen solo a construcciones sociales, sino también a factores genéticos. Se le comunicó que su invitación había sido anulada debido a las protestas de otros investigadores que sostenían que «las conclusiones no igualitarias» de Gottfredson contravenían las normas éticas del organizador. Pero la coerción hacia quienes piensan distinto no se suscita solo con la ciencia; el oscurantismo también afecta a principios democráticos y de igualdad largamente arraigados en nuestra tradición republicana, como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio imparcial, y a la libertad de creación artística, que ya se suponía a resguardo de los imperativos religiosos o morales. La carrera académica del profesor y abogado Ronald S. Sullivan Jr., el primer decano negro de la historia de Harvard, llegó a su fin cuando las autoridades de la universidad anunciaron que no le renovarían su mandato. Su pecado fue el de haberse sumado al equipo de defensa de Harvey Weinstein, el productor de Hollywood acusado de abusos sexuales y que disparó la creación del movimiento #MeToo. Los estudiantes consideraron que Sullivan «ya no era de fiar como académico» (sic). Se deduce que, para las autoridades de Harvard, una conquista civilizatoria como la presunción de inocencia —rubricada en la Constitución— y el derecho a disponer de abogados defensores, son meros detalles que deben sacrificarse en el altar de la lucha contra el sexismo.
Hay muchos más ejemplos de descalificación moral hacia los científicos «heréticos». La prueba más categórica es la reciente creación de la revista Journal of Controversial Ideas, para que los académicos que escriben sobre temas controvertidos (¿habrá algún tema científico que no haya sido controvertido en algún momento?) puedan publicar… anónimamente. Entiéndase bien: se está empujando a quienes tienen el genuino derecho a discrepar a que lo hagan, pero desde las sombras.
Uno de sus promotores, el profesor de filosofía de la Universidad de Oxford, Jeff McMahan, recordó que «Las amenazas de fuera de la universidad suelen provenir más de la derecha. Las amenazas a la libre expresión y a la libertad académica en el seno de la universidad suelen provenir de la izquierda».
Según Barreiro, sobre el clima intelectual imperante en la facultad de Ciencias Sociales de Uruguay, el profesor Nicolás Trajtenberg ha llegado a sufrir la estigmatización y la descalificación de quienes no adhieren a las corrientes de la izquierda identitaria hegemónica. Cualquiera que se atreva a desafiar el canon —marxismo cultural, feminismo de género y políticas identitarias en general— es tachado de sexista, racista, homófobo, islamófobo o «neoliberal» —incluso fascista, llegado el caso— porque, cuando se va escaso de argumentos, no hay mejor recurso que la descalificación ad hominem, previa alegación de ofensa. La advertencia para los futuros investigadores es clara: hay temas «sensibles» que no conviene abordar. No decir en público lo que se piensa en privado por temor al descrédito o el estigma es una decisión bastante corriente. Esto erosiona la libertad académica y de expresión en general, el progreso del conocimiento y hasta algunos principios básicos del orden democrático. Todo hallazgo científico —tanto de las ciencias naturales como de las sociales— debería ser impugnado, contradicho o cuestionado. ¿Por qué no refutar a Carl, a Paglia, a Gottfredson y a Sullivan? ¿Qué mal podría derivarse de confrontar ideas rivales?
Los ya célebres «espacios seguros» que reclaman los estudiantes en los campus anglosajones no refieren solo al acoso sexual o a que las autoridades eliminen «murales ofensivos». Un «espacio seguro» es también aquel en el que el educando se halla «a resguardo de las ideas que le hacen mal» (sic). Por tanto, esas ideas se suprimen.
Corolario
La idea de ficción, que madura en la Europa medieval con la eclosión de la novela, se ha quebrantado de forma grave en el siglo XXI, lo cual atenta contra su sentido de existencia. Hoy, si esa ficción quiere dar lucha por su libertad —en el debido marco del respeto y de lo que se supone se debe interpretar por humor o estereotipo—, deberá enfrentarse a dudosas adaptaciones, modificaciones, y formar parte de listas negras o escraches. Hace un tiempo anduvo circulando en las redes sociales un listado de «las diez canciones más misóginas de la música uruguaya» (sic). En el podio se hallaba el tema La hermana de la coneja (Jaime Roos/ Raúl Castro), pero las más cuestionadas siguen siendo las letras de tangos. «El tango no ha ofrecido una imagen de mujer autónoma y de avanzada, sino que tiene un claro componente machista y paternalista en sus letras, pero queremos otro tango» (sic), reclamó la senadora uruguaya Constanza Moreira, volviendo a confundir ficción con literalidad y testimonio histórico con ofensa y culpa social.
Varios observadores han advertido que en la historia contemporánea, quienes mejor han aplicado la lógica de estas acciones censoras, han sido aquellos regímenes donde universidad pública, partido y Estado son uno solo.
En suma, cuando las estructuras de poder aspiran a la prolongación inerte de sus dogmas, el artista y su obra terminan impugnados o directamente eliminados. A ese artista entonces se le teme, como se le temió a Masaccio, a Klimt, a Bellmer, a Manet, a Zola y a Onetti. Varios de ellos, expatriados o encarcelados. El humor, el arte, la libertad de expresarse fundada en la lengua «convencional» y —sobre todo— en la capacidad de simbolizar, se arrojan a la censura. Así como el Ku Klux Klan ordenó una fogata con discos de los Beatles en Texas en 1966, los nuevos emisarios del oscurantismo procuran arrojar a una nueva hoguera las obras que no se ajustan a los parámetros de sus agendas progresistas.
En consecuencia, la censura contra un arte que no se aviene a sus esquemas siembra el desprecio por el arte y la cultura, elimina el diálogo, fomenta la intolerancia y promueve la violencia. Será el triunfo de una literalidad plana bajo el cercenamiento a las libertades. Será, en nombre de la ofensa, el triunfo del fascismo.
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2019.01.09 04:45 caradebalde Bromas Telefónicas

Empezamos, como todo el mundo, haciendo bromas telefónicas inocentes. Cuando los teléfonos eran negros, a disco y del Estado. Las llamábamos ‘cachadas’ y eran tan antiguas como el invento de Graham Bell. Había una gran variedad de métodos, pero casi todos tenían como objeto molestar a un interlocutor desprevenido; sacarlo de las casillas, desubicarlo. Con el Chiri nos convertimos en expertos cuando promediábamos el secundario. Éramos magos al teléfono. Pero entonces ocurrió una desventura que nos obligó a abandonar el profesionalismo. Una historia que aún hoy me recuerda que llevo la maldad dentro del cuerpo.
Las primeras cachadas infantiles siempre tienen como víctima a personas que se apellidan Gallo. En la guía telefónica de Mercedes había nueve señores con ese fatídico apellido y los llamábamos a todos, uno por uno.
—Hola, ¿con lo de Gallo?
—Sí —decían del otro lado.
—¿Está Remigio?
—Acá no vive ningún Remigio.
—Disculpe, entonces me equivoqué de gallinero —y cortábamos, muertos de la risa.
Existían docenas de estas bromas básicas, y siempre nos las copiábamos de hermanos mayores o primos que ya se dedicaban a otras más elaboradas. Como se comprende, las primeras incursiones en el oficio buscaban sólo la propia risa: una carcajada limpia que no causaba grandes molestias a la víctima. Ah, ojalá nos hubiésemos quedado en ese punto muerto de la infancia, donde no existen la maldad y la culpa. Pero no: debíamos avanzar, y avanzamos.
En los pueblos chicos siempre circulan rumores, informaciones y datos sobre la existencia de vecinos propicios a las cachadas. Vecinos a los que llamábamos ‘chinches’. Se trataba de una clase de señor mayor que, ante una broma telefónica, desataba toda la fuerza de su ira y era incapaz de colgar el teléfono. Alrededor de los diez o doce años, nos llegó una información de primera mano: había que llamar al señor Toledo y decir la palabra clave.
—Hola, ¿hablo con lo de Toledo?
—Sí.
—¿Está “cornetita”?
Ésa era la contraseña para que el señor Toledo, que tenía la voz aguda y estridente, comenzara a insultarnos con frases llenas de palabras groseras, resoplidos desopilantes y desenfrenados neologismos. Nos poníamos el Chiri y yo en el mismo auricular e imaginábamos a Toledo en su casa, en calzoncillos, con los cachetes de color borravino y sacando humo por las orejas. Cuando, a los diez minutos, su diatriba perdía la fuerza y sus pulmones el aire, sólo era necesario decir “pero no se enoje, cornetita” para que todo comenzara otra vez. Era el desiderátum.
Pero el niño crece, y con él madura también la ambición, la estructura dramática y —aún dormida— gana forma la maldad. Con el Chiri no tardamos en aburrirnos de invisibles Gallos y Toledos, que sólo eran voces incorpóreas detrás de un cable, y nos pasamos al nivel de las cachadas en tres dimensiones, que tenían como víctimas a sujetos presenciales.
A las siete de la tarde, el pelado de enfrente comenzaba a cerrar su negocio para volver a casa, sin haber vendido nada en cinco horas de aburrimiento. Nosotros podíamos verlo, resignado, desde la ventana del comedor. Cuando el pelado bajaba la persiana pesadísima del local, justo antes de poner el candado, lo llamábamos por teléfono. El pobre hombre, que no quería perder una venta, se desesperaba y abría otra vez la persiana, corría hasta el fondo del negocio y, al quinto o sexto timbre, decía jadeante:
—Alfombras Pontoni, buenas tardes.
Colgábamos.
Al rato lo veíamos otra vez, humillado y vencido, cerrar la persiana gigante; le costaba el doble. Su vida era una mierda, se le notaba en los ojos y en la curvatura de la espalda. Entonces el pelado escuchaba otra vez el teléfono dentro del local. “Si el que ha llamado antes llama ahora, quiere una alfombra con urgencia”, pensaba el comerciante, y otra vez le bombeaba el corazón, y otra vez levantaba la persiana, otra vez corría hasta el fondo, y otra vez decía ‘alfombras Pontoni, buenas tardes’, con un hilo de voz.
Colgábamos. Colgábamos siempre.
Un día repetimos el truco tantas veces, pero tantas, que al enésimo llamado falso el pelado no tuvo más remedio que decir ‘alfombras Pontoni, buenas noches’.
Hubiéramos seguido así hasta el final de los tiempos, pero un año después nos dimos las narices contra el futuro. Al primer llamado, el pelado Pontoni sacó del bolsillo un mamotreto con antena y dijo “hola”. Se había comprado un inalámbrico.
La llegada de la tecnología, antes que amilanarnos, propició nuevos métodos de trabajo. Cuando en casa tuvimos el segundo teléfono (uno con cable, otro no) con el Chiri inventamos la telefonocomedia, que era una forma de cachada a dos voces con receptor pasivo. Consistía en llamar a cualquier número y hacer creer a la víctima que estaba interrumpiendo una charla privada.
VICTIMA: —¿Hola?
CHIRI (voz de mujer): —...claro, pero eso es lo que te gusta.
VICTIMA: —¿Diga?
HERNAN (voz masculina): —Lo que me gusta es chuparte el culo.
CHIRI: —Mmmm, no me digas así que me se ponen las tetas duras.
VICTIMA: —¿Quién es?
HERNAN: —Yo lo que tengo dura es la poronga, (etcétera).
El objetivo de este reto dramático era lograr que el interlocutor dejara de decir “hola” y se concentrara en nuestra charla obscena, como si se sintiera escondido debajo de una cama de hotel. Cuanto mejores eran nuestras tramas, más tardaba la víctima en aburrirse y colgar. Fue, supongo, un gran ejercicio literario que nos serviría —en el futuro— para mantener a los lectores atrapados en la ficción de un relato. Una tarde, después de diez minutos de telefonocomedia, una de nuestras víctimas comenzó a jadear, y nos dio asco.
Con dieciséis años, o diecisiete, ya podíamos considerarnos profesionales del radioteatro. Habíamos ganado en pericia escénica, en impronta y, sobre todo, en naturalidad de reflejos. El Chiri y yo faltábamos a las clases vespertinas de gimnasia y nos encerrábamos en casa con dos o tres teléfonos, un grabadorcito Sanyo y algunos elementos para generar sonidos de lluvia, de tráfico, de incendio, de ventisca. También teníamos a mano claras de huevo, por si era necesario cambiar los matices de la voz.
No nos hacía falta hablar entre nosotros: nos comunicábamos con gestos y miradas, como locutores de radio detrás del vidrio. Hacíamos magia. Éramos capaces de mandar a un desconocido a la Municipalidad a buscar un impuesto inexistente, seducir a la secretaria de un médico hasta enamorarla, hacer sonar la sirena de los bomberos en el momento que se nos ocurriera y convencer al kiosquero de la Diecinueve casi esquina Treinta que estaba saliendo en directo para una radio de Luján.
Nos creíamos dioses, y quizás por eso tocamos fondo en el cenit de nuestra gloria.
Promediaba el año ochenta y ocho. Lo recuerdo porque ya usábamos relojes digitales para cronometrar nuestras hazañas. Era de noche y mis padres no estaban en casa. Hacía horas que, con el Chiri, jugábamos un juego apasionante: hacer durar a la víctima en el teléfono a cualquier precio. Cuando te convertís en un profesional de la cachada volvés a lo básico, a lo simple. El mecanismo del juego era llamar a cualquier número y sacar una conversación de la nada. El reloj corría desde el “hola” y hasta el “clic” de cierre.
Esa noche Chiri llevaba una performance ideal: había logrado una conversación de diecisiete minutos y doce segundos con una señora, diciéndole que hablaba desde la tintorería. Tuvieron una charla graciosísima sobre el planchado en seco y acabaron cantando “Nostalgias” a dúo. Chiri la paseó por donde quiso, con guiños magistrales y toques de genialidad. Era imposible que yo pudiera superar esa maniobra.
Tiré los dados. Me salió el 24612. Marqué el número. Chiri tenía el cronómetro en la mano y me miraba cancherito. Cuando la voz de una vieja dijo “hola” comenzó a correr el segundero.
Yo había desarrollado una técnica, una marca de la casa, que sólo usaba en momentos clave. Era un sistema muy arriesgado que consistía en poner una voz masculina estándar, atónica, pausada, y provocar que la víctima adivinase mi identidad. Aquella noche, en la que sería la última cachada de mi vida, utilicé este método.
—¿Quién habla? —preguntó la vieja después de mi “hola”.
—Lo que faltaba —dije— ¿Ya ni de mi voz te acordás?
Eso era un peón cuatro rey. La apertura clásica. Generaba del otro lado sensación de familiaridad. Siempre hay un sobrino que ha crecido y le ha cambiado la voz, o un ahijado; siempre.
—No sé —dijo la vieja—. ¿Con quién quiere hablar?
—¡Con vos, boludona! Jugada arriesgadísima.
Yo estaba sacando la reina al medio del tablero. Muy poca gente del entorno de una vieja le dice “boludona”. Pero si quería superar el tiempo de Chiri, tenía que actuar como un kamikaze. Funcionó:
—¿Daniel! —dijo ella, en ese tono intermedio entre la interrogación y la exclamación. El tono se llama deseo.
La entonación del nombre propio me dio un millón de pistas. Daniel no era un sobrino, ni un ahijado, porque el grito de la vieja había sido estremecedor. No podía ser más que un hijo. Posiblemente, único. Y ese mismo dato me llevaba a otra cosa: el hijo vivía lejos y no era muy dado a llamar a su madre. Me tiré de cabeza:
—¡Claro, mamá! ¿Quién va a ser?
—¡Dani, Danielito! —sollozó la vieja, mientras Chiri, en silencio, se sacaba de la cabeza un imaginario sombrero, rendido ante mi jugada.
Ahora, el tiempo corría de mi parte. Me fui a caminar con el inalámbrico, para que Chiri no intentara hacerme reír con gestos. Él se quedó escuchando desde el fijo. En cinco minutos supe que Daniel vivía en el sur (“¿y hace frío ahí?”, preguntó la vieja en pleno septiembre) y también que la relación entre ellos no había sido, en los últimos años, muy afectuosa.
—Papá hubiera querido que estuvieses en su entierro.
—No es fácil, mamá. Hay heridas abiertas, la vida no es tan simple.
Supe que Daniel tenía una esposa, la Negra, y dos hijos. El más chico, Carlitos, no conocía a su abuela. Supe también que la ciudad en la que vivía Daniel era Comodoro Rivadavia, y que trabajaba en una fábrica de televisores. A los doce minutos de charla, cuando ya todo estaba encaminado para superar el récord del Chiri, la vieja empezó a sospechar algo, comenzó a hacer preguntas ambiguas, y debí improvisar.
—¿Pero cómo es que te escucho tan cerquita, nene? —quiso saber ella, y entonces no tuve opciones.
—Mamá —dije, sorprendido por mi crueldad—. Estoy acá, en la Terminal.
Del otro lado escuché un silencio, y después un llanto contenido. Me di vuelta buscando los ojos de Chiri, que me miraba pálido. No sonreía. Yo sentí, por dentro, la pulsión de la maldad. La sentí por primera vez en la vida. Estaba en el estómago, en el pito y en el cerebro al mismo tiempo, como una santísima trinidad diabólica. Con un gesto, le pregunté a Chiri qué tiempo llevaba. Dieciséis minutos.
—No llores, viejita —dije.
—¿Habías venido ya otras veces a Mercedes? —me preguntó con la voz rota— A veces sueño que venís, de noche, y que no pasás por casa...
—No. No, no... Es la primera vez que vengo, te lo juro. Pero no quería aparecer así, de golpe. Por eso te llamé.
—¡Hijo! —gritó ella, desgarrada— ¡Colgá y apurate, vení, vení!
Casi diecisiete minutos, hacía falta algo más. Cuando supe lo que iba a decir, mi puño izquierdo se cerró. Ahora creo que la maldad ya me había invadido. Creo que no era yo el que hablaba. Eso que no sabemos qué es, eso que nos hace humanos y horribles, ahora estaba enquistado en mí y yo era su marioneta.
—Tengo que hacer un par de cositas antes, y después voy a casa —dije— . Escucháme, mamá. ¿Me hacés canelones? Estoy muerto de hambre.
—Claro, Dani.
—Siempre extraño tus canelones.
—Apurate, yo ahora te hago.
—Un beso.
—Chau, nene. Estoy toda temblando, apuráte.
Y la mujer colgó.
Lo miré a Chiri, que tenía la vista en el suelo. No me miraba, supongo que no podía verme a la cara. Ni siquiera se acordó de parar el cronómetro, así que tampoco supimos quién ganó.
Estuvimos un rato largo en los sillones, sin decirnos nada.
Media hora más tarde entendimos que en alguna parte de Mercedes había una casa, que en esa casa había una mesa, y que en esa mesa ya humeaba un plato caliente. Nuestra infancia tardía, aquella ingenuidad, supimos entonces, iba a durar hasta que se enfriaran los canelones de Daniel.
Autor : Hernán Casciari

Más: https://cuentosdecasciari.blogspot.com/2019/01/la-desgracia-llega-en-sobres-papel.html
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2016.06.05 18:17 ShaunaDorothy ¡Abajo la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales! ¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista! ( 2 - 2 ) (Septiembre de 2013)

https://archive.is/rirsn
La opresión de la mujer, la tradición y la familia
Como administradores de la miseria capitalista del neo-apartheid, el CNA y otros dirigentes de la Alianza idealizan también las sociedades tribales, conciliando y promoviendo, por ejemplo, a los izangoma (médicos brujos) y a otros charlatanes eufemísticamente denominados “sanadores tradicionales”. El desastroso estado del sistema de salud pública —con hospitales públicos crónicamente atestados, cortos de personal y en un estado decrépito, a los que llegar siquiera es una ventaja— significa que, para muchos, los curanderos tradicionales son el único “servicio de salud” al que tendrán acceso jamás. Algunas mujeres acuden a ellos para abortar porque los abortos legales en los hospitales son inaccesibles. Estamos por el derecho de las mujeres al aborto gratuito y seguro para quien lo solicite. En oposición a la “medicina tradicional” muti y otras formas de la denominada “medicina alternativa”, defendemos la ciencia y la medicina científica, y nos oponemos a que los gobiernos subsidien o promuevan de cualquier otra manera a los curanderos tradicionales.
La promoción del atraso tradicionalista por parte del CNA ha tenido resultados desastrosos, como demuestra horripilantemente la política “negacionista del SIDA” del gobierno de Thabo Mbeki (una política que durante años contó con la complicidad de Zuma, segundo de Mbeki hasta 2005, al igual que de los dirigentes del PCS y el COSATU, hasta que finalmente se distanciaron de ésta). Un estudio de la Harvard School of Public Health demostró que unos 330 mil sudafricanos murieron de SIDA entre 2000 y 2005 porque no fue implementado un programa de tratamiento con antirretrovirales (ARV) a tiempo. La miserable ración de ayuda que destinó el sistema imperialista ávido de ganancias a Sudáfrica fue obstruida adicionalmente cuando Mbeki y otros líderes del CNA rechazaron la ciencia médica y bloquearon activamente la implementación de un programa basado en los ARV, promoviendo en cambio a los curanderos tradicionales y otros mercaderes de la muerte que empujan curas herbales y “naturales”. Como el VIH/SIDA es una enfermedad de transmisión sexual, su expansión ha sido impulsada desde siempre por el papel de subordinación de las mujeres. Siempre nos hemos opuesto a la charlatanería “negacionista” y seguimos exigiendo ARV gratuitos para todos los que los necesiten como parte de una lucha por servicios de salud gratuitos y de calidad para todos.
Además de promover la ignorancia y los prejuicios y supersticiones anticientíficos, los curanderos tradicionales son parte de la represiva estructura política que abarca desde el sangoma [chamán] en la comunidad hasta la Cámara de Líderes Tradicionales, parte del estado burgués. Una función primordial de esta estructura represiva es imponer la subordinación de la mujer frente al hombre, a través de la promoción y legitimación de prácticas patriarcales antimujer. Junto con el lobola y el ukuthwala, éstas incluyen pruebas de virginidad y ceremonias de iniciación como el uMemolo, en donde las mujeres jóvenes son enseñadas a servir a los hombres y entrenadas para transmitir la cultura tradicional a la siguiente generación.
Estas atrasadas prácticas tradicionales, remanentes de una cultura agrícola y esclavista, son un factor importante en la legitimación y promoción de la violencia contra las mujeres, que incluye uno de los más altos índices de violaciones reportadas en el mundo. Las mujeres más vulnerables son las que sufren más estas prácticas. Por ejemplo, los matones que practican el ukuthwala generalmente secuestran mujeres huérfanas o provenientes de familias pobres. Como sucede siempre en la sociedad de clases, las tradiciones y la cultura que son defendidas más aguerridamente son aquéllas que le son aceptables y beneficiosas a los ricos.
Fortalecer los tribunales tradicionales significa fortalecer esta represión de las mujeres. En muchos sistemas legales basados en las costumbres, las mujeres africanas tienen como guardianes a sus padres y, después del matrimonio, a sus maridos. No tienen capacidad de contratar nada sin el consentimiento de su guardián y no pueden presentarse en los tribunales sin la asistencia de éste. Están excluidas de los procesos políticos de las tribus y en ocasiones tampoco pueden acceder a la propiedad de la tierra. Tradicionalmente, las mujeres no son incluidas en las negociaciones del lobola: el consentimiento al sexo y otros derechos sexuales no están en manos de las mujeres mismas, sino de los miembros de su familia.
Comúnmente se piensa, de manera errónea, que la subordinación de la mujer al hombre, al igual que la familia patriarcal actual, existen desde siempre. Otra idea equivocada común, particularmente extendida entre los feministas y otros opositores de la opresión de la mujer desde el marco liberal burgués, es que la fuente de esta opresión son simplemente las ideas patriarcales atrasadas (particularmente las de los hombres). Por otro lado, los nacionalistas, en particular, hacen apología de la poligamia forzada, el lobola y otras prácticas antimujer presentándolas de manera idealizada como formas típicamente africanas de demostrar “respeto” entre las familias. Otra justificación para estas cosas argumenta que, dado que las mujeres con frecuencia tienen papeles importantes en las prácticas africanas tradicionales, éstas últimas no pueden resultar opresivas para las mujeres.
Como marxistas entendemos que la opresión de la mujer es material y que la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres no es sino un reflejo de esa realidad material. Engels explicó que la opresión de la mujer tiene sus raíces en el desarrollo de la propiedad privada y la división de la sociedad en clases, ambas conectadas con el desarrollo de la familia. Las primeras sociedades humanas vivían una forma de “comunismo primitivo”. Esto significaba que los seres humanos cazaban y recolectaban apenas lo mínimo para sobrevivir y lo compartían de manera equitativa. La división del trabajo entre hombres y mujeres estaba basada en la realidad biológica del cuidado de los niños —es decir, las mujeres eran responsables de gestar y amamantar a los pequeños— y no implicaba un papel subordinado para las mujeres. La división del trabajo entre los sexos era igual y ambos producían para satisfacer sus necesidades vitales. Las funciones del hogar eran una responsabilidad común y colectiva.
Esta igualdad social primitiva desapareció cuando avances como el desarrollo de la agricultura le permitieron a los seres humanos producir más del mínimo para sobrevivir. Este excedente social se convirtió en propiedad de una minoría, formada por hombres, creando las primeras divisiones de clase en la sociedad. Esto llevó al desarrollo de la institución de la familia como un medio para transmitir la propiedad de una generación a otra. También ocasionó el surgimiento del estado, una organización de dominio utilizada por una clase para suprimir a otra.
La familia patriarcal decretó la monogamia para las mujeres, de modo que los hombres pudieran asegurarse que sus descendientes heredarían su propiedad. Esto dio fin a la familia comunal. De ese modo, las funciones de la familia, la crianza de los niños y el trabajo doméstico se volvieron actividades privadas y perdieron su carácter comunal. Las mujeres, confinadas al hogar individual, fueron aisladas de la producción social, que se volvió una esfera masculina. Como escribió Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884): “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción”.
¿Cuál es, entonces, el papel de la familia para la gente que no tiene propiedad que transmitir? La familia bajo el capitalismo sirve además para criar a la siguiente generación para que trabaje en el campo, las fábricas y las minas, y para que sirva de carne de cañón en el ejército burgués. Sirve para entrenar a los jóvenes a obedecer a la autoridad, inculca el atraso religioso y actúa en general como freno de la conciencia social. De esta forma, la institución de la familia asegura que sea mantenido el dominio de clase de los capitalistas. La familia es la fuente principal de la opresión de la mujer, así como una unidad económica y social, baluarte de la reacción social junto con la religión organizada. Es, además, la fuente de la discriminación, la persecución legal y otras formas de opresión contra los homosexuales. A pesar de sus leyes liberales en el papel, Sudáfrica está plagada por un virulento fanatismo antigay, con frecuentes reportes de ataques asesinos contra gays y lesbianas, particularmente en los townships y las áreas rurales.
A diferencia de los feministas, que ven la liberación de la mujer exclusivamente como tarea de las mujeres, nosotros entendemos que la lucha por la igualdad de la mujer tiene que ser levantada como parte necesaria de la lucha por liberar a la clase obrera en su conjunto. Esto incluye la lucha por integrar a las mujeres a la producción social. Los sindicatos tienen que luchar por cuidado infantil gratuito disponible las 24 horas para todos; por la extensión de los derechos de licencia por maternidad para las trabajadoras; por anticonceptivos gratuitos y abortos seguros y gratuitos para quien los solicite; y por otras demandas para darle a las mujeres un mayor acceso a trabajos decentes y a la independencia financiera.
Luchar por estas demandas requiere de un combate político para remplazar a los actuales dirigentes sindicales procapitalistas —que, en el caso de los líderes del COSATU, subordinan directamente a la clase obrera a los capitalistas a través del frente popular nacionalista de la Alianza Tripartita— con una dirección clasista. El combate contra los falsos dirigentes procapitalistas en los sindicatos es una parte crucial de la lucha indispensable por forjar un partido revolucionario de vanguardia. Queremos abrir el camino para que las mujeres desempeñen un papel activo y dirigente en la clase obrera, que es la única con el poder social y el interés objetivo de derrocar el sistema capitalista.
La lucha por la liberación de la mujer, especialmente en los países de desarrollo capitalista atrasado como Sudáfrica, puede ser una importante fuerza motriz para la revolución socialista. Sudáfrica nunca experimentó una revolución democrático-burguesa. En cambio, la opresión capitalista fue impuesta por los colonizadores imperialistas sobre la estructura de las sociedades precapitalistas, dejando en su lugar y reforzando todo el atraso acumulado en esas sociedades, particularmente la brutal opresión de la mujer. Nos oponemos al “relativismo cultural” de los nacionalistas y otros que buscan justificar en nombre de la tradición prácticas barbáricas antimujer como la mutilación genital femenina y el matrimonio por secuestro, y buscamos poner fin a esas prácticas. No hay nada excepcionalmente africano en esas prácticas: por ejemplo, el lobola es una versión del precio de novia, practicado en sociedades de Asia y Europa en distintos periodos, y aun hoy en países como Afganistán.
Luchamos por la emancipación de la mujer a través de la revolución socialista. Buscamos deshacernos de la institución de la familia, fuente de la opresión de la mujer. Las funciones de la familia —el cuidado de los niños, el trabajo doméstico, etc.— no pueden ser simplemente abolidas, tienen que ser remplazadas por instituciones sociales. En una sociedad socialista, el estado obrero buscaría proporcionar cuidado infantil gratuito 24 horas al día, siete días a la semana, fácilmente accesible en casa o el trabajo, cocinas y lavanderías comunales y otras medidas que liberarían a las mujeres de la esclavitud doméstica y les permitirían participar en todos los niveles de la sociedad. Esto no es posible más que sobre la base de una economía socialista planificada, en la que la producción sea liberada de la anarquía y la irracionalidad, y sea organizada y operada para satisfacer las necesidades humanas y no la sed de ganancias.
“La revolución por etapas”: Traición contra las mujeres y el socialismo
El Partido Comunista de Sudáfrica dice oponerse a la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales. El año pasado, los delegados al XIII Congreso Nacional del Partido votaron por rechazarla categóricamente, tan sólo unos meses después de que el Comité Central del PCS emitiera una comedida declaración que llamaba a “discutirla más” y argumentaba: “Hay aspectos del sistema de Tribunales Tradicionales que son progresistas y deberían ser mantenidos, pero los aspectos que están en conflicto con los objetivos no sexistas, democráticos y de construcción de la nación de la Revolución Democrática Nacional deberían ser rechazados”. No es para sorprenderse, sin embargo, que nada de esto parece haber causado disturbio alguno en la armoniosa relación entre los dirigentes del PCS y el gobierno capitalista que busca aprobar la reaccionaria propuesta de ley —un gobierno del que son una parte prominente—. Por citar sólo un ejemplo, Yunus Carrim, miembro del politburó del PCS, es el asistente del ministro en el Departamento de Administración Corporativa y Asuntos Tradicionales, ¡precisamente el ministerio responsable de la propuesta de ley!
Los dirigentes del PCS tienen una larga historia de traicionar los intereses de la clase obrera en nombre del esquema menchevique/estalinista de la “revolución por etapas”, conocido en Sudáfrica como la “Revolución Democrática Nacional” (RDN). De acuerdo con este esquema, que sirve como justificación ideológica para la alianza histórica y la compenetración con el CNA, las condiciones actuales no están lo suficientemente maduras para el socialismo. Por eso, primero debe venir un bloque político con los nacionalistas burgueses “progresistas”. Después, en un futuro siempre lejano y jamás especificado, esto conducirá al socialismo. A través de la historia, la “segunda etapa” siempre ha sido en realidad el asesinato de los obreros y los comunistas a manos de los nacionalistas burgueses.
En 1964, el líder histórico del PCS Govan Mbeki escribió bonitas palabras denunciando a los líderes tradicionales: “Si los africanos han tenido jefes, es simplemente porque todas las sociedades humanas los han tenido en un punto u otro. Pero cuando un pueblo se ha desarrollado a tal grado que descarta a los jefes tribales, cuando su desarrollo social contradice la necesidad de una institución así, entonces obligarlo a mantenerla no es liberación sino esclavitud” (The Peasants’ Revolt [La revuelta de los campesinos]). Sin embargo, en nombre de la alianza de colaboración de clases con los nacionalistas “progresistas” del CNA, los dirigentes del PCS aceptaron toda clase de conciliaciones grotescas con los jefes tribales y aun ahora se encuentran entre los apologistas más rastreros del gobierno de la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales.
Para avanzar en su lucha, la clase obrera debe romper con la Alianza Tripartita y con la política reformista de colaboración de clases presentada bajo el nombre de Revolución Democrática Nacional. En oposición al esquema de la “revolución por etapas”, Spartacist/South Africa, sección de la Liga Comunista Internacional, está por el programa y la perspectiva de la revolución permanente desarrollados por el dirigente bolchevique León Trotsky. Ésta sostiene que, en los países de desarrollo capitalista atrasado, las tareas democráticas inconclusas, asociadas históricamente con las revoluciones burguesas, sólo pueden ser llevadas a cabo con la llegada al poder de la clase obrera. Una vez en el poder, la clase obrera deberá luchar por extender la revolución a los países capitalistas avanzados para asegurar la construcción exitosa del socialismo.
Sudáfrica es un caso particularmente dramático de la aplicabilidad de la revolución permanente de Trotsky: una sociedad única, en la que la colonización europea creó una fuerte superposición de las cuestiones raciales y de clase a través de la brutal superexplotación y supresión de la mayoría negra. Para enfatizar la conexión intrínseca entre la revolución socialista y la liberación nacional para la mayoría negra, y para combatir el dominio de la ideología nacionalista, lanzamos el llamado por un gobierno obrero centrado en los negros como una concretización de la revolución permanente. Un gobierno obrero centrado en los negros unificaría a los distintos grupos tribales y lingüísticos y le daría un papel activo y completos derechos democráticos a las minorías de color (coloured) e india, al igual que a los blancos que acepten un gobierno basado centralmente en los obreros negros.
Las medidas necesarias para desmantelar el racista sistema de trabajadores migrantes y para liberar a las mujeres de la esclavitud doméstica subrayan la necesidad vital de una perspectiva internacionalista. El desarrollo de las áreas rurales, los programas para proporcionar vivienda y cuidado infantil para todos, etc., todo ello dependerá para su éxito de la conexión con una economía socialista planificada internacional, lo que implica la extensión de la revolución socialista a los países capitalistas avanzados (imperialistas) en Norteamérica, Europa Occidental y Japón. En la lucha por este objetivo, buscamos construir un partido leninista revolucionario de vanguardia de la clase obrera que defenderá la causa de las masas urbanas ampliamente desempleadas, los sin tierra, los inmigrantes, las mujeres, los trabajadores agrícolas y todos los demás oprimidos bajo el capitalismo del neoapartheid.
¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
Las mujeres negras desempeñaron un papel heroico en la lucha contra el apartheid, pero como esa lucha estaba dominada políticamente por el nacionalismo burgués, la liberación que ansiaban nunca llegó. Nuestro modelo positivo en la lucha por la liberación de la mujer es el Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky. La Revolución de Octubre de 1917, dirigida por los bolcheviques, fue una confirmación dramática de la teoría de Trotsky de la revolución permanente. El gobierno revolucionario del joven estado obrero luchó por llevar a cabo el programa marxista para la liberación de la mujer. Inmediatamente removieron todas las trabas a la igualdad legal, otorgando a las mujeres el derecho al voto, rompiendo el control de la iglesia sobre el matrimonio y el divorcio y haciendo de éstos simples asuntos del registro civil. Los bolcheviques legalizaron el aborto, abrieron escuelas para alfabetizar a las niñas, prohibieron la discriminación contra los homosexuales y abolieron el concepto de los niños ilegítimos nacidos fuera del matrimonio.
Pero como explicó Lenin, estos cambios legales son sólo el primer paso en la liberación de la mujer. El segundo paso, más complicado, es sentar las bases materiales necesarias para remplazar en los hechos las funciones sociales de la familia y liberar a las mujeres del arduo trabajo doméstico. Los bolcheviques lucharon, pese a la escasez de recursos, para proporcionar servicios domésticos socializados a gran escala como un primer paso (ver “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”, Spartacist (Edición en español) No. 34, noviembre de 2006, para una presentación más amplia de lo que hicieron los bolcheviques). Sin embargo, Rusia era un país capitalista atrasado y después de la revolución, el joven estado obrero estaba económicamente devastado, aislado y rodeado de potencias imperialistas hostiles. Lenin y Trotsky entendían que la clave para construir el socialismo en Rusia era la extensión internacional de la revolución obrera a los países capitalistas más avanzados, particularmente Alemania.
Esta perspectiva internacionalista revolucionaria fue más tarde pisoteada por una casta burocrática conservadora y nacionalmente estrecha, representada por Stalin, que llegó al poder a través de una contrarrevolución política e impulsó el programa utópico antimarxista del “socialismo en un solo país”. A pesar de la degeneración burocrática subsecuente y del mal gobierno estalinista, las conquistas obtenidas por el estado obrero soviético fueron enormes, especialmente para las mujeres. Los trotskistas defendimos a la Unión Soviética contra el imperialismo y la contrarrevolución capitalista, y luchamos por la revolución política proletaria para derrocar a la burocracia y regresar al estado obrero al camino de Lenin y Trotsky. Ésta es nuestra perspectiva hacia los estados obreros deformados que quedan hoy en día: China, Cuba, Laos, Corea del Norte y Vietnam.
Uno de los lugares en los que la Revolución Rusa tuvo un profundo impacto sobre las condiciones de la mujer fue el Asia Central soviética. En la época de la Revolución de Octubre, esta región era incluso más atrasada que Rusia, teniendo todavía un modo precapitalista de producción y marcada por la opresión de la mujer bajo la ley tradicional islámica. Los bolcheviques emprendieron trabajo sistemático entre estas mujeres, buscando ganarlas como aliadas y demostrar el potencial liberador del programa comunista a los pueblos de Oriente. Esto fue capturado por Trotsky en un discurso dado en abril de 1924, en celebración del tercer aniversario de la fundación de la Universidad Comunista para los Trabajadores de Oriente en Moscú:
“El sentido, la fuerza y la esencia del bolchevismo yacen en que se dirige no a los jefes obreros sino a la plebe, a los de abajo, a los millones y a los más oprimidos de los oprimidos... Esto, además, quiere decir que la mujer oriental, que es la más paralizada en su vida, sus hábitos y su creatividad, la esclava de los esclavos, que ella, habiéndose quitado el manto ante las exigencias de las nuevas relaciones económicas, se sentirá súbitamente libre de cualquier clase de puntal religioso; tendrá una sed apasionada de obtener nuevas ideas y una nueva conciencia para apreciar su nueva posición en la sociedad. Y no habrá mejor comunista en Oriente, ni mejor combatiente por las ideas de la revolución y del comunismo, que la mujer obrera que ha despertado (aplausos)”.
—“El comunismo y las mujeres de Oriente”, reimpreso en Spartacist (Edición en español) No. 35, agosto de 2008
Nosotros luchamos, en ese espíritu, por construir el partido revolucionario internacionalista necesario para conquistar nuevos Octubres aquí y alrededor del mundo.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/39/tribunales.html
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